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Categoría: Dominación

Móviles -3

Miro el móvil al despertarme, después de dormir a ratos, sujeto desde el cuello hasta la espalda, y me despejo enseguida al ver un mensaje de Usted.



- Mañana (o sea hoy) quiero que vayas a trabajar tal como estás, eso sí siempre y cuando no notes mucho dolor.



Lo leo dos veces y, excitado, sumiso y obediente, me arreglo para ir al trabajo ya dominado desde el primer segundo. Aparco el coche cerca de la oficina y voy notando cómo tira la cuerda en cada movimiento, tapado el collar con disimulo gracias al cuello de la camisa y a la corbata, ridiculizado ya con solo pensar que en cualquier momento pueda verse su color rosa.



- Señora, ya estoy en el despacho - le escribo, inquieto humillado.



- Bien - responde pasados unos minutos.



Llegan mis compañeras juntas. Laura hablando con total formalidad, tranquila al menos en apariencia. Empiezo con mis tareas, pesando en la noche que habrán pasado mi Ama y Laura, intrigado por las conversaciones que hayan tenido.



- Cuando Laura vaya al servicio, ve inmediatamente y deja el sujetador donde estaba cuando lo cogiste, viciosilla - me pide en un mensaje.



- Si Señora - contesto pensando en que quiere darle un respiro.



Al poco rato, me levanto y voy al aseo, después de haber oído el regreso de Laura. Dejo el sujetador en la papelera, pongo unos papeles secamanos secos y vuelvo a mi puesto.



- Señora, ya está en el lugar de donde lo cogí.



Espero respuesta, pero pasan los minutos y no llega, aunque sí uno de Laura.



- puaaafffff, no te lo vas a creer, apareció el sujetador - me sobresalto, aunque era previsible, por la rapidez que lo ha encontrado -. ¿Tú crees? solo el sujetador. Será pervertido...!!!



Me sube una ola de calor, sin duda sabe que he sido yo. Ha ido al lavabo casi inmediatamente después que yo y como solo he ido yo ha sacado la conclusión. Estoy alterado, mucho. Si entra, alterada, puede acabar descubriéndolo y saber quién, qué y de quién soy.



- ¿Pervertido? - pregunto, con la esperanza que aún no haya relacionado lo del sujetador con que soy yo con quien se escribe, su jefe.



- Si, solo puede ser mi jefe - y me explica la conclusión lógica a la que podía llegar.



- Señora, ya sabe que lo del sujetador he sido yo - le informo.



- Lo se flor, lo sé - responde inmediatamente -. Te estaba esperando. Le he dicho que fuera de nuevo al aseo. No solo lo iba a pasar ella apurado, jejeje. Y he decidido acelerarlo. Lo demás ya lo sabes - se hace un espacio -. ¿Molesta, flor?



- No Señora, solo que desconcertado, no lo esperaba aún.



- Pero es lo que querías. Ahora te sentirás observada, hasta controlada. Pero tranquilo, no te dirá nada, al menos aún. No se atreverá. Solo sabe que eres un pervertido, nada más. Ya verás cuando descubra lo viciosa que eres.



Noto el calor, el sofoco que invade todo mi cuerpo.



- ¿Qué puedo hacer Señora?



- Nada. Ahora os sentís los dos observados, como en peligro. Con el añadido que ella no sabe que eres tú y solo te observa como a un jefe salido, preguntándose qué habrás hecho con las braguitas.



No sé si me atreveré a mirarle a la cara cuando tenga que decirle algo.



- Lo justo es que se tranquilice un poco, ¿no crees? - pregunta refiriéndose a mi compañera.



- Si Señora - le digo sin atreverme a decir nada más, intentando adivinar qué estará pensando.



- ¿Cómo llevas lo que tienes limitándote?



Se me había olvidado, ni siquiera sentía el collar, ni la cadena ni nada.



- Bien Señora. Si puedo serle sincero, con todo esto ni siento la presión de la cadena en los huevecillos, ni la tirantez entre las nalgas, ni el roce en el culito. Solo sé que me siento más suyo que nunca y que su poder crece por momentos.



- mmmmm eso es precioso. Quiero que hagas lo que voy a decirte y me digas si quieres hacerlo y por qué - espera unos segundos -. ¿Tienes las braguitas? - le respondo que sí, en el maletín -. Ve al aseo, póntelas y te masturbas dejándola impregnadas de tu leche. Y vuelves a tu sitio con las braguitas puestas. ¿Lo harás? - vuelvo a decir que sí -. ¿Por qué?



- Señora, desconozco lo que pretende, aunque sé que es porque desea que me sienta realizado y porque sea lo que sea sabe que también me va a gustar.



Se crean unos segundos interminables de silencio, alargando aún más la desesperación de hacer lo que desee, lo que le complazca.



-Bien. Hazlo, foto y me avisas.



Con el móvil me dirijo al aseo, me encierro en un reservado, me quito el bóxer blanco, el que tanto le guasta a Usted, y me pongo la preciosa braguita de encaje. Empiezo a masturbarme, despacio primero, sintiendo el calor cómo sube por la excitación, por la situación, por ser usado en cualquier momento. Noto los tirones de la cadena que envuelven los huevecillos y tira a la vez del collar y se tensa entre las nalgas, masajeando el esfínter, dando más placer a los movimientos. Pienso en la mirada que Laura me ha dirigido cuando pasaba por Su lado, disimulando que lo hacía, expectante a mis gestos.



- Hazlo desnudo, solo con la braguita y mirando en el espejo lo perrita que eres - llega Su mensaje Señora.



Interrumpo la paja, me quito la camisa, dejando al descubierto la cadenita y el collar, resaltando los huevecillos por la presión de las cadenas. Sigo masturbándome, de pie frente al espejo, tomando conciencia de lo que soy y de cómo me siento: una perrita entregada sin condición a Usted.



De pronto, se me eriza todo el vello, los calores de la inminente corrida que ya está subiendo. Sigo con la pollita en la mano, moviéndola con frenesí, tirando inconscientemente con más intensidad de los testículos, hasta que empiezo a derramar la leche que se desliza entre mis dedos por los huevecillos hasta ir depositándose en la braguita de encaje de Laura. Bajo el ritmo hasta parar de mover la pollita, respirando entrecortadamente, tomando aliento. Me pongo la braguita, empapándola con mi leche, hago la foto y se la envío. Le digo que ya me he masturbado mientras observo cómo el semen impregna la braguita. Espero unos minutos hasta que me dice que me de dos azotes en cada nalga, me vista y vuelva a mi trabajo.



Sentado de nuevo en mi puesto, con el culito aún caliente, miro la entrepierna del pantalón por si también lo está calando, No se nota nada.



Ha pasado una hora, aún húmeda la braguita, me dice que vuelva a ir al aseo, me quite la braguita y la deje donde estaba.



Seguro que Laura pensará que algo me llevo entre manos por las veces que estoy yendo al lavabo. Sin pensarlo más, cojo el móvil y entro de nuevo al reservado, a la vez que me llega un mensaje de mi compañera.



- Señora Amatista me ha sugerido que esté pendiente, si es necesario que controle los movimientos de mi jefe. A ver si pillo al cabrón pervertido.



Lógicamente no respondo. Tengo la impresión que si no lo hago disimularé mejor que está hablando de mí. Aunque todo esto esté dejando más claro lo insignificante que puedo llegar a ser, aguantando ataques, tacos de mi compañera.



- Ella sabe que ahora está en el aseo y me ha pedido que vaya yo en cuanto el capullo esté en su sitio.



Contengo la respiración. Se enterará de que tiene un jefe salido, pervertido. Y todo porque no sabe de mi condición sumisa y de que soy de mi ansiada Ama.



Me quito la braguita, vuelvo a ponerme los pantalones marcando paquete y vuelvo a mi puesto, nervioso, sonrojado, lleno de vergüenza.



Oigo como se levanta Laura, convencido de que va al aseo. Y se lo comunico Señora, aunque sé que lo sabe.



- Lo sé. Es una recomendación mía, jejeje. Lo que quiero es que vaya impregnada de ti. Que note tu humedad, el olor de tu leche en su piel, después que has manchado sus bragas con tu leche y las has llevado puestas un rato. Sé que le va a costar hacerlo porque ahora mismo siente repugnancia por ti, asco porque te ve como a un asqueroso pervertido - silencio -. Ahora se lo estoy diciendo, ya ha encontrado sus braguitas, me jodas, con tu hedor.



No puedo creerme lo que está pasando, la sutileza en el dominio y en la forma en que consigue ridiculizarme, sabiendo que me gusta y que es una parte de mi condición.



- Dice que no se atreve - continúa -. Que qué pensará su pareja si le nota el olor a semen y que le da asco ponérsela sabiendo con el olor intenso viene de ti.



No digo nada, no me atrevo ni se me ocurre. Solo siento, noto el uso y el manejo sutil que hace de la situación.



- Ya verás como ella te lo termina de explicar. Ahora sigue con tu trabajo que tú 'compañera requiere mi atención'.



Y me quedo a dos velas, pensando nervioso hasta dónde van a llegar las cosas.



La impaciencia hace que me decida a responder ahora a los mensajes de Laura.



- Por lo que dices estás convencida que ha sido él. Solo ten cuidado que no note que le estás observando.



Espero unos minutos.



- ¿No cabe la posibilidad que tu jefe no sepa de quién son las prendas?



Intento despistar como sea. Menuda tontería. Tanto porque se la situación como porque es algo que reconozco que me está gustando sentirme asi, sin capacidad de decisión ni de reacción.



Pasan los minutos y sigo sin tener respuesta. Oigo, después de un ratito cómo vuelve del aseo. Diría que silenciosa, sin hacer ruido. Las ruedas de su silla se deslizan sobre las baldosas y oigo el teclado. Me pongo nervioso esperando lo que pueda ocurrir.



- Ya no hay duda. Además es un guarro. Menudo gilipollas. ¿Sabes lo que ha hecho? - responde ella misma sin esperar respuesta -. Se ha corrido en mis bragas el asqueroso y no tiene otra cosa que hacer que dejarlas donde las dejé yo.



- Menudo jefe tienes - no se me ocurre otra cosa.



- Ya te digo. Y por qué las ha tenido que dejar ahí de nuevo? Preferiría que se las hubiera guardado o tirado, o yo qué sé. El muy mamón. Si pudiera....



Por momentos parece que se va calentando. Sabiendo lo que sé, prefiero no decir nada. No puede sentir evitar que la vergüenza me invada, que la humillación se vaya apoderando de mí.



- Aunque he encontrado la forma de irlo superando - continúa -. La Señora me ha pedido que me pusiera las braguitas que tanto apestan a su mierda leche. Al principio me negaba, pero me ha hecho ver que así es como puedo quedar por encima de él, o mejor aún que se quede desconcertado cuando vuelva a buscarlas y no las encuentre ahí, jejeje. Cómo se va a quedar el muy cerdo.



- Me llega otro mensaje a la vez de mi Ama, cosa que agradezco.



-¿Cómo esta flor? - pregunta -. Estoy leyendo vuestros mensajes, ya sabes que no puedes hacer nada sin que lo sepa, ¿verdad? - asiento inconscientemente moviendo la cabeza -. Saca la pollita y mantenla fuera hasta que te diga y ponte las pinzas ahí mismo, bien apretaditas. Te lo mereces por lo que le estás haciendo a la pobre chica, jejeje.



- Anda que si se acerca mi jefe y huele su propio tufillo!!!



Se cruzan los mensajes, intento responder a las dos, pero me resulta muy difícil por la tensión. El estado de sumisión y de pérdida de voluntad que siento ahora mismo. Le pido disculpas a Laura por tenerme que ausentar un rato y me dedico a mi Ama.



Me saco la pollita y los huevecillos, evitando que la cadenita se quede enganchada en lq cremallera y abriendo el maletín saco las pinzas de prensilla unidas a otra cadenita. Desabrocho dos botones de la camisa y la meto toda dentro, llevando la primera prensilla al pezón izquierdo, iniciando el giro del tornillo que hará que presione la prensilla hasta que noto un dolor intenso. Hago igual con la otra pinza y dejo que caiga la cadena haciendo una amplia U, notando cómo el ligero peso del metal estira levemente los pezones, lo justo para que muerdan y los pinchazos de las pequeñas púas que tiene las mordazas. Le digo que ya están puestas y me pide que envíe una foto que se vean bien las pinzas y otra con la camisa tapándolas.



Nervioso, con la respiración entrecortada, abro la camisa sacándola, abrocho la camisa y hago otras dos fotos, selecciono las mejores de las dos tandas y le envío una de cada dos fotos.



- mmmm - me responde inmediatamente.



Estoy nervioso, expectante de lo que pueda desear. Me pide que me acerque a Laura y me incline sobre su mesa y que si suena un poquito la cadenita no haga nada por camuflarlo.



- Ya me contarás más tarde zorrita.



Me levanto sin pensar, no vale la pena ya que solo deseo complacerla, aún sin saber adónde puede llegar todo esto. Me acerco seguro a la mesa de Laura e inclinándome desde el otro de la tabla, se balancea la cadenita, moviendo con ello las pinzas y acentuando los pinchacitos que siento. Le pido una información que no necesito y me doy cuenta que me mira con precaución y cierto desprecio. Menos mal que no se oye la cadenita, al menos yo no lo oigo, aunque sospecho por su expresión que algo raro está notando. Me incorporo, el frío de la cadena toca la barriga y con toda la entereza de que soy capaz me dirijo de nuevo a mi despacho. Allí permanezco adelantando trabajo hasta justo la hora de terminar la jornada.



- Bien florecilla, no hace falta que me expliques, ya lo ha hecho Laura. ¿No crees que te has ganado a pulso lo que piensa de ti?, jejeje



- Si Señora, sin duda - realmente no sé qué han hablado, aunque lo imagino.



- Muy bien, fuera con todo lo que llevas puesto, recógelo todo y para casa. Hoy tu compañera de queda un ratito a petición mía. Es bueno que se vaya acostumbrando, por lo que pueda pasar. Cuando llegues a tu casa me avisas florecilla.



Me quedo desconcertado. Aun así me quito todo cuanto he tenido puesto todo el día, notando cierto vacío, cierro el ordenador y salgo de la oficina despidiéndome de mi compañera hasta mañana con toda la naturalidad que puedo, o sea muy poca.



Me llega un mensaje mientras conduzco. Laura. Decido no abrirlo hasta que aparque, cosa que no tardó en hacer ya que estaba llegando a casa y encima tengo la suerte de encontrar pronto un espacio para hacerlo. Abro el mensaje y noto tu satisfacción en lo que están haciendo.



- Esto es una pasada, aunque aguante lo que estoy aguantando del cerdo. Estoy con la Señora desde mi trabajo, desnuda, sentada en la silla de mi asqueroso jefe.



Me quedo pensativo, imaginando la situación y la sensación de entrega que tiene que estar sintiendo.



- Me alegra porque veo que lo estás pasando bien - respondo -. Ya te dije que lo pasarías bien.



Cada vez me parece más increíble lo que está pasando, lo envolvente que está siendo mi Ama, lo que resulte de ésta situación.



- Ya te digo - añade -. Aunque no quiere que te de detalles, solo te diré que voy a dejar mojadito su asiento. Se lo merece.



Cierro la puerta de casa mientras se despide de mí, al menos de momento.



- Ya estoy en casa Ama - le notifico.



Pasan unos eternos minutos cuando recibo Su respuesta.



- ¿Has visto qué zorra es tu compañera? - sin esperar contestación añade -. Esta noche hará algo interesante para mí. Pero tú, bueno, duermes con el tapón, te haces media paja, collar rosa, esterilla en el suelo, manta y a dormir. Ahhhh, antes cena.



- Si Señora - no me sale nada más. Tampoco añade Usted nada. Preparo algo rápido y ceno ansioso, sometido a Sus deseos. Meto el plug hasta el fondo, notando la presión en la próstata, hago foto, me empiezo a masturbar hasta que noto que voy a explotar y paro. Foto de la pollita dura, pongo el collar rosa, foto y preparo la esterilla con la manta en el suelo, foto y cuando estoy acostado se las envío.



- Muy bien. Muy obediente. Mañana mira los mensajes, tengo una sorpresa para ti.



Le respondo que así lo haré y le deseo que descanse muy bien.


Datos del Relato
  • Categoría: Dominación
  • Media: 0
  • Votos: 0
  • Envios: 0
  • Lecturas: 15
  • Valoración:
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