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Categoría: Incestos

Daniel el Travieso es mi hijo

Nunca me he considerado gran cosa, supongo que nunca lo he sido. No soy especialmente inteligente, mis notas en el instituto siempre fueron mediocres por más que me esforzara, tampoco he sido lista, pues repasando mi experiencia vital veo claramente que mis decisiones nunca me ayudaron a dar pasos importantes. Físicamente, no soy fea, pero había muchas chicas más guapas y atractivas que yo, que me pasaron por delante muchas veces cuando los chicos se nos acercaban, eso no quitó que yo tuviera mi público cuando descubrían que las guapas no eran lo que buscaban. Hasta que apareció Berni…



Mi nombre es Ceci, me crié en un buen barrio donde me dieron una educación normal sin lujos. Sin embargo mi mala cabeza me llevó a probar a muy temprana edad las drogas, empezando con los porros cuando hacía pellas en clase, poco a poco fue a más y con ello también el sexo. Gracias a una amiga y a mi voluntad de quitarme de aquella mugre me libré de las drogas, aún no estaba metida en las duras y eso me salvó. No obstante me libre de lo primero pero no del sexo, que se convirtió en eje en mi vida. Morena de cuerpo provocativo sin ser escultural, mi atractivo remataba con unos ojos celestes. Los hombres se me daban a montones cumplidos los dieciséis sin saber por qué. Llegaba a veces a salir solo para follar con ellos…sexo por sexo, así era también que mis relaciones no duraban porque amaba el cambio más que la estabilidad, o tal vez era porque no encontraba el hombre de mi vida, hasta que conocí a Berni, un hombre con un trabajo que le agenciaba una gran vida que me supo conquistar tal vez por su finura, o por su fuerte personalidad.



Era un tipo recio que tenía las cosas bien claras, se marcaba claramente la virilidad en su cara, sus gestos y en sus pensamientos. Era mucho mayor que yo y contrastaba con todos los amantes de mi edad que había tenido hasta el momento. Por entonces la puta crisis económica me puso entre la espada y la pared… decidí definitivamente optar por entregarme a un solo hombre muy masculino que me diera una futuro estable, el cual a su vez tenía cierta obsesión por mi cuerpo. Mientras que Berni se mantenía a mi lado por la lujuria que le despertaba mi cuerpo… todo iba bien, sé que no podía durar toda la eternidad y para sujetarlo tendría que dar un paso más allá…, entonces me dejé preñar por quien se hubo convertido en mi primer gran amor.



Daniel duerme a mi lado profundamente cuando me despierto. No ha sido así desde hace mucho tiempo, pero desde hace unos meses ha vuelto a mi cama. Me agrada, me hace compañía y me siento querida por el hombre de la casa. Ya ha cumplido los 16 años y me ha atrapado en altura. Está creciendo alto y recio como su padre, el deporte le está haciendo un cuerpo físicamente increíble. Me levanto tratando de no despertarlo para preparar el desayuno y dejar la casa ordenada antes de que se marche al instituto y yo al trabajo. Vuelvo a tener la blusa del camisón desabrochada. Ayer también me pasó. Supongo que los ojales se están dando de sí, y al moverme, siempre me he movido mucho durmiendo, se me han salido los dos botones superiores de los tres que tiene.



Berni fue mi primer amor ¡MI AMOR! El único hombre que he amado como una mujer puede amar a un hombre. Tenía mala fama, envidia pensaba yo, decían de él que frecuentaba malas compañías, las que él quería, que había salido con decenas de mujeres, lógico con lo guapo que era, que no las había tratado bien, porque ninguna sabía cuidarlo como él merecía. Yo solucioné el problema. Amansé a la bestia, lo colmé atendiendo todas sus necesidades hasta la misma saciedad, ofreciéndole el amor, el sexo y la comprensión que las otras no habían sabido darle. Amándolo en todas sus versiones en una entrega total y sumisa. Nunca imaginé que una mujer podía ser follada de tantas manera y tantas veces seguidas.



Últimamente Daniel está mejor. No ha sido fácil para él, aunque siempre he procurado ayudarlo en cualquier aspecto de su vida, de su crecimiento, de su desarrollo emocional. Eso es lo que creo que debe hacer siempre una madre, desvivirse por sus hijos. Yo solamente tengo uno, así que puedo volcar todos mis esfuerzos en él. Los médicos nos avisaron pronto, que nuestro hijo podía tener algunas dificultades de aprendizaje, así lo llamaron. El parto había sido difícil pues venía de culo, y no me sometieron a cesárea como debieran haber hecho porque aquella noche parimos dieciséis mujeres en el mismo centro y solamente había dos cirujanos de guardia. Culparon a la Luna llena que incentivaba los partos, me dijo la comadrona, pues nunca habían visto nada igual, sin embargo el plenilunio no llegó hasta dos días después de parirlo. Mi bebé sufrió un principio de asfixia, al enrollársele el cordón umbilical alrededor del cuello, pero su fuerza de voluntad unido a mi esfuerzo por traerlo al mundo sano y salvo obraron el milagro. A la comadrona también le debemos gratitud eterna, pues logró girarlo a tiempo dentro de la barriga encajándolo en mi pelvis para que pudiera salir para conocer a su madre. No le quedaron secuelas físicas, algo de agradecer pues podía haber sufrido alguna atrofia muscular, nos dijeron, pero su cerebro realizó tal esfuerzo por liberarse que ahora paga las consecuencias, aunque no me parecen tan importantes. Si bien no es talentoso para adquirir conocimientos si tiene un talente innato para los deportes, y se relaciona muy bien con la gente. Es cierto que nunca será el chico más listo de la clase, yo tampoco lo fui, pero con mucho esfuerzo, el mío y el suyo, ha ido superando todos los cursos, aprobándolos por los pelos pero satisfactoriamente ¡Qué orgullosa me siento!



Berni no se quedó para criarlo. Estuvo a mi lado durante el embarazo y el primer año de vida de nuestro hijo, pero dos días antes de su primer cumpleaños se fue. Para no volver. Me lo habían avisado. Me lo temía. Tal vez por eso no lloré su pérdida. No podía, pues mi hijo necesitaba verme fuerte. Durante tres años fui la mujer que hizo feliz a aquel hombre indomable ¡Un auténtico vividor follador! Sé que lo hice feliz y me siento orgullosa de ello, pues no era tarea fácil. Pero Berni era, y estoy segura que sigue siendo, una alma libre, que nos quiere a su manera, aunque no sea la compartida por la mayoría. El primer año estuvimos muy enamorados. Él lo era todo para mí. Yo también lo era todo para él, hasta que me quedé preñada. No le hizo ninguna gracia verme panzona y me pidió que abortara pues no estaba preparado para cuidar a un niño ni entraba en sus planes formar una familia. Pero lo convencí. Le demostré que podía ser una esposa tan amorosa como iba a serlo como madre. No nos casamos, pero alquilamos un piso y comenzamos nuestra vida juntos.



Daniel ya es todo un hombre, se hace mayor… lo noté hace poco cuando ponía excusas para no ducharse conmigo como habíamos hecho todo ese tiempo atrás, lógico pues ese vello que comienza a asomarle en su rostro es la prueba inequívoca de lo que debe estar decorando el resto de su cuerpo, la testosterona comienza a hacer su función. Esta mañana, además, se ha levantado con el cipote enhiesto y por la deformación de los calzoncillos es de una envergadura sustancial, hace más de un año que no le veo desnudo y de los 14 a los 16 el cambio en los chicos es brutal. Por otro lado, sé que es habitual en los chicos la erección mañanera, por el riego sanguíneo que favorece al buen estado de los vasos capilares del músculo que conforma su polla. Yo también me despierto casi cada día con ganas de orinar, pero a los hombres se les concentra la vitalidad en esa musculatura cada mañana sin poder disimularlo, y ni puñetera falta que se le hace encubrir su erección con su madre. Desde pequeño me di cuenta que mi hijo había heredado los atributos de su padre. No solamente las facciones, ojos claros, cabello negro como la noche, mentón cuadrado, labios carnosos y muy rosados, espalda ancha…, un cuerpo bien formado con unas bellas y atractivas facciones…, pero también heredó el tamaño de su hombría. Su verga posee unas dimensiones muy por encima de la media de un adulto, por ello, para no avergonzarlo, comprendí que no debíamos ducharnos juntos más. Las mañanas que ha dormido en mi cama, me levanto antes que él para no ser testigo de su incómoda urgencia matinal, aunque debo decir que me gusta observar su masculinidad en todo lo alto. Su embarazo fue lo mejor que me paso en la vida, por fin algo era realmente mío, el fruto de aquel amor más mío que de él.



Berni, su padre, aunque ya contaba con 29 años cuando lo conocí, Berni no fue mi primer hombre. Tuve dos novios anteriores con los que me comporté como lo que era, una adolescente mojigata e inexperta. Sin ser ninguna belleza siempre atraje a los chicos, debía de parecerles una chica muy cachonda con mucho morbo. Me desarrollé pronto, a los trece años ya tenía más tetas que algunas mujeres adultas, así que fui objeto de deseo de mis compañeros desde bien pronto. Pero yo no mostraba el mismo interés que mostraban ellos. Por un lado porque me atraían jóvenes mayores. Los de trece o catorce me parecían niños, más preocupados en tocarme las tetas o frotarse el dorso de la mano en mis nalgas que en invitarme a salir o en preocuparse por mí. Carlos tenía dos años más que yo cuando comenzamos la relación y Raúl cuatro. El año que fui novia del primero no pasamos de caricias por debajo de la ropa. Me encantaba que me pellizcara los pezones, pero no le dejé ir más allá. Sin duda, la rígida educación recibida en casa me frenaba, pues las dos hijas del matrimonio mayor que formaban mis padres, fuimos adiestradas en la desconfianza ante el sexo opuesto. Con Raúl sí superé varias pantallas. Estaba a punto de cumplir los 17 cuando me lo presentó mi prima. Fui prudente los primeros meses, frenando sus ansias por desvestirme e embestirme… poseerme completamente, cuando me llevaba a la ladera de Montjuic en su Opel Astra negro. En el asiento trasero del vehículo perdí la virginidad unos meses antes de cumplir los 18. Fue mi regalo por su 22º cumpleaños.



No se lo conté a mi madre, pero me hubiera gustado preguntarle por qué demonizaba un acto tan placentero. Me gustaba hacer el amor con Raúl, tanto que solía ser yo la que le pedía que trajera el coche. Me sentaba a horcajadas para que pudiera besarme y sobarme las tetas a conciencia, le encantaba y se perdía con ellas, decía que tenía el mejor par de tetas de la comarca. Tras mi desflore, me volvía loca sentir su polla entrando hasta lo más profundo de mí ser. Pero la relación acabó. Me dejó por la misma razón que Carlos había hecho dos años antes, porque se aburría. Durante varios meses estuve esperando la llegada del Príncipe Azul, era tan ilusa que sabía que llegaría. Hasta que una noche de verano, en las fiestas del pueblo, cada vez más necesitada de llenar mi chochito de un rabo duro y caliente, mee dejé llevar a la playa por un desconocido que me poseyó con poca delicadeza y menos paciencia, llenando mi falta de sexo pero no calmando mi necesidad lasciva. No fue desagradable pero aquel día aprendí una cosa muy importante…, que para hacer el amor necesitas una pareja estable que no se arrebate cuando te posee porque saber que te ama. Por ello, no estuve con ningún chico durante más de un año, hasta que se me acercó Berni.



Esta tarde Daniel ha vuelto del instituto inquieto. No ha querido explicarme nada, ha dejado de hacerlo, pero sé que ha tenido alguna disputa con sus compañeros o con su novia. Por más que trate de apoyarle, de quitarle hierro al asunto, no puedo hacer mucho más que presentarle estrategias para evitar los conflictos. Pero no es suficiente. Necesita una figura paterna que lo guíe pues mi mentalidad y experiencia no puede ser otra cosa que femenina. ¡Cuánto odio a Berni cuando nuestro hijo necesitaría de la seguridad y aplomo de su padre! En todas las clases, en todos los cursos, en todos los institutos hay chicos o chicas que no encajan con la facilidad del resto y que acaban siendo el blanco de las burlas de sus compañeros. Por desgracia, no todos los compañeros dan valor a ese nombre y se ensañan con los más débiles. Mi hijo no es débil físicamente, pero sí va por debajo de la media intelectual. Su capacidad comprensora llega al límite mínimo para poder compartir educación con chicos corrientes, pero lo supera por poco. Por allí asoman las burlas y las disputas, sin embargo algunas chicas lo consideran atractivo, su personalidad, su anatomía, su forma de ser…. Obviamente la falta de capacidad intelectual es un hecho que siempre le ha acomplejado, con el que he tenido que lidiar desde su nacimiento, pero nunca me daré por vencida. Cenando, no he logrado que me explicara qué ha pasado, pero sí creo que he contribuido a animarlo un poco. Hemos visto un poco la televisión juntos, hasta que el cansancio me ha vencido y me he ido a la cama. Él ha preferido acabar de ver el programa antes de acostarse, pero me ha confirmado que volverá a hacerlo en mi cama. Pasadas las horas algo me ha despertado. Daniel supongo al venir a la cama, pero en la luz del despertador veo que son más de la una y no creo que se acabe de acostar, además, parece estar profundamente dormido. Tal vez me he movido hacia su lado y nos hemos tocado, tal vez se ha movido él pues lo he sentido muy cerca. Apago la luz de nuevo, debo dormirme. ¡Maldito camisón! Otra vez se me ha abierto. Creo que Daniel me ha tocado. Esta noche no puedo asegurarlo, pero me temo que no me equivoco, no me extrañaría que desee sentir la piel de una mujer estando en la edad donde las hormonas se hallan revolucionadas.



Había oído hablar de él, de sus correrías… me refiero a Berni. Lo había visto, mirado muchas veces, pero nunca me atreví a dirigirle la palabra. Era muy guapo, atractivo más que agraciado… ese tipo de hombres que desprenden un aura especial. Sus ojos claros te atravesaban, su seguridad te imponía, pero su sonrisa te derretía. El primer día creí que yo sería otra más en su larga lista de conquistas. Después de charlar e invitarme a una copa me tenía a sus pies, así que no hacía ni una hora que me conocía cuando enfilamos agarrados el camino hacia su coche, un BMW serie 3. Me tomó en el asiento trasero, espacio al que estaba acostumbrada. Me desnudó lentamente, aferrándose a mis tetas como habían hecho mis tres amantes anteriores para tumbarme y penetrarme en la postura del misionero. Me sorprendió lo delicado que estaba siendo, así que le di permiso para continuar y fue remangando la falda del vestido hasta poder meter la mano bajo las bragas y sobar directamente la tersa piel de mi culo. Me acarició, sobó y amasó las nalgas hasta que probó a meterle mano por la raja entre las nalgas llegando a mi coño, notando que no me oponía a tal atrevimiento… tenía el chochito extremadamente muy cálido, esa vez lo tenía sin depilar al 100%, después me lo he depilado en muchas ocasiones y también se lo ha ido arreglando rasurándomelo o recortándomelo para que lo disfrutara. Me besaba el cuello y yo a él dejándome penetrar un dedo en mi raja vaginal… le sorprendió lo mojado que encontró mi agujero entre sus labios y durante un rato me folló con el dedo despacio. Comencé a gemir muy calladamente, no sabía si dar el paso adelante o dejarlo, me sentía muy excitada y rara… la polla la tenía a reventar y me la pegaba más a mí, sin escrúpulo noté la hinchazón de la verga que se extendía hasta el muslo… fue notarla dura y gruesa, entonces más me la apretaba a mi pelvis. Sin duda, le parecía el mejor coño que se podía follar aquella noche… un coñito acogedor, cariñoso, sumiso y tragón, y dentro de los días fértiles no tuve problema en dejarle que me inseminara con riesgo a preñarme.



El caso es que me dejé follar a pelo sin condón… ¡¡Joder cómo es eso de ponerla entre los labios vaginales y clavarla hasta dentro en tanto dé de sí haciendo tope en los huevos!! Ya imaginas, en nada la puso en mi entrada, apartó las bragas y para adentro sin contemplaciones. La sensación era única cuando me estaba follando notando la calidez de su rabo en mi esponjosa y lubricada vagina con todo su capullo ahondándome… Noté cierta violencia en su vaivén, sobre todo en su primera embestida en donde percibí que se le puso a reventar al notar lo humedecida que ya estaba. Notaba como abría mis paredes internas frotando su sensible glande, metiendo y sacando sin cesar, su mirada apenas se cruzó con la mía un par de veces, tal vez un poco avergonzada de darme al instinto animal que llevaba dentro queriendo salir. Berni me besaba en el cuello, la cara, los ojos y hasta se atrevió a morrearme, fue cuando abrí un poco la boca para darnos la lengua por primera vez. Debía de llevar varios días sin eyacular, porque en poco más de cinco minutos no pudo contenerse, para acabar una buena lechada toda para adentro en lo más hondo de mi útero, de forma que no hubiese posibilidad que se le saliera una sola gota. El subidón de adrenalina era morrocotudo, mi corazón casi se me sale del pecho por la boca de la emoción… abrí los ojos cuando percibí el primer lechazo y el segundo que suelen ser los más copiosos. Mirándole le sonreí dando mi beneplácito a la follada con inseminación profunda en mi útero ¡Eso le tranquilizó! porque pensaba que había hecho una aberración corriéndose dentro de mí como un pervertido sin haberme pedido permiso para vaciarse ¡Joder su primera eyaculación dentro de mi profunda vagina! Una vez descargado la fue sacando de mi coño, ambos nos pusimos a mirar a la expectativa como extraía toda la tranca impregnada de flujo y esperma espeso, y de lo dura que aún la tenía. La cantidad debió ser tanta que tras su capullo salió un reguero de leche que mojó mi ano y cayó en parte al asiento. Me gustó, pero fue al extraerla cuando confirmé lo que creía haber sentido. Además de guapo, Berni estaba muy bien dotado. Aún no lo sabía pero aquella espléndida barra de carne que me había llevado al orgasmo, aún tenía que hacerme muy feliz. Después me coloqué las bragas bien puestas y faena acabada… nos marchamos del lugar con toda la zona que tapaba mi coño mojada recogiendo el semen que se destilaba. No dijimos nada después en todo el camino, como si no hubiese ocurrido hasta que me dejó en la puerta de mi casa. Cuando llegó mi padre cenamos los tres… mi madre, mi padre y yo con el morbo de saber que tenía toda la leche caliente de mi amante metida en mi coño y en mis bragas empapadas, tratando a mis padres como si fuese usual.



No supe nada de Berni en dos semanas, confirmando mis sospechas. Has sido otra medalla en su amplio historial, así que preferí quedarme con la parte positiva. Me lo pasé bien. Pero la providencia estaba de mi parte. Nos reencontramos en la fiesta de una amiga común muy poco concurrida pues la chica la celebraba en su casa, estrenaba piso, y restringió mucho la lista de invitados. Debíamos ser una veintena como mucho y de las doce jóvenes allí reunidas, seis habíamos sido folladas por Berni, lo que le otorgaba su liderazgo de macho alfa. Que me eligiera a mí para repetir, por delante de las otras cinco, me llenó de orgullo. Esta vez me senté encima, le ofrecí mis pechos orgullosos para que los disfrutara alabándolos, y sentir su masculinidad en toda su envergadura. Me corrí dos veces. Pero la providencia aún no había hecho acto de presencia. Tenía forma de camioneta de reparto de prensa, se saltó un stop e impactó con cierta violencia en el lateral izquierdo del BMW, muy cerca de la puerta del conductor. Pudo haber sido peor de lo que fue, pero Berni salió herido de cierta gravedad. Clavícula rota y tres costillas fisuradas. Lo acompañé al hospital, pues yo había resultado ilesa. Allí descubrí que Berni estaba solo, no tenía familia, así que involuntariamente me convertí en ella. Aunque no lo era, me consideraron su pareja. Su mujer, pensé yo. Lo dejé en su casa, un pequeño apartamento cerca de mi barrio, prometiéndole volver para cuidarlo. Eso hice a la mañana siguiente, en que amparándome en el accidente de tráfico solicité fiesta en el trabajo. Allí empezó nuestra historia de amor.



No sé qué hacer, cómo enfocarlo con mi hijo. Mis sospechas se han hecho realidad. Ayer me acosté antes que Daniel, como otros días, pero hice lo imposible para no dormirme. Estaba inquieta, así que no me fue difícil. Cuando entró en la habitación, sigiloso para no despertarme, me hice la dormida. Entró en la cama, moviendo las sábanas con cuidado y se tumbó a mi lado. No ocurrió nada en unos minutos, por lo que me sentí aliviada. ¡¿Cómo podía haber malpensado de mi cariñoso hijo?! Hasta que noté movimiento a mi izquierda. Iba a preguntarle si no podía dormirse, si necesitaba que le preparara un vaso de leche caliente, cuando noté su mano, en mi costado. Me tocó la cadera, suavemente al principio, posándola sobre ella al poco rato, supongo que confirmando mi estado de somnolencia. La mano que he agarrado miles de veces ascendió por mi vientre hasta mis tetas desnudas. Primero los acarició tímidamente recreándose en mis excelsos pezones, hasta que confirmó que estaba profundamente dormida, como suelo estar, tomándolo con seguridad con la mano abierta, sobándome. Estuve a punto de pegar un respingo ante la sorpresa, pero logré contenerme. Cuando su mano se cansó de la teta izquierda, cambió a la derecha que también recibió el mismo trato. Sus dedos se movían sobre mis mamas, las mismas que lo amamantaron durante año y medio, pellizcándome los pezones que se irguieron obscenos. La sorpresa me había paralizado, pero mi mente me pedía detenerlo, sobre todo cuando desabrochó dos botones del camisón para colar la mano. Ahora su piel tocaba mi piel. Una mano caliente de dedos ardientes me sobaron a conciencia durante mucho rato, demasiado pensé…, hasta que noté movimientos a mi izquierda, temblores, y un leve gemido, mientras la presión de su mano sobre mi ubre se intensificaba. Finalmente Daniel acabó tras correrse soltando su lefa sobre las sábanas y parte en mi culo y muslo… completamente relajado se durmió a los pocos segundos mientras yo era incapaz de pegar ojo.



Las primeras semanas con Berni fueron las más intensas de mi vida. Me volqué en él, en su cuidado, en su cura, en su felicidad. Tenía claro que para hacer feliz a un hombre debes satisfacerlo y Berni no era un hombre cualquiera. Era el hombre que quería convertir en mi macho, porque toda hembra lo necesita por muy feminista que sea…, así que me esforcé para demostrarle que yo podía suplir cualquier carencia, cualquier deseo, llenar su vida. Le preparaba la comida, le hacía la colada, le ayudaba a bañarse, le curaba las heridas. Y le amaba. Me presentaba en su apartamento antes de ir al trabajo, volvía cuando salía de él, dichosa, atenta. Predispuesta a entregarme a él en cuerpo y alma. Al tercer día hicimos el amor por primera vez. Con cuidado, le ayudé a desnudarse, me desvestí y me encajé sobre su espléndido cuerpo en mi postura favorita. Lo repetimos a diario, pues él necesitaba mucho sexo y yo mucho amor de su sexo. Pronto aprendí a amarle como a él le gustaba. Su polla fue la primera que me metí en la boca hasta donde pude. Qué rico sabía. Qué feliz me sentí la primera vez que su simiente la anegó, una cuajada de engrudo sabroso. A él le gustaba, a mí me encantaba complacerle. Hacíamos el amor en cualquier sitio que a él se le antojara. En la cocina, donde le gustaba tomarme por sorpresa desde detrás, empujándome contra el mármol, en la cama dónde podíamos retozar horas y horas, en el sofá dónde le bastaba sacarse el badajo para que yo supiera lo que su cuerpo demandaba. Me agachaba y lo chupaba hasta que se corría entre mis labios…, beberme su leche se convirtió en mi maná diario. También se lo hacía en el coche, a veces conduciendo, en una locura que a mí me encantaba tanto como a él. Oficialmente nos convertimos en pareja. Las otras chicas me miraban desafiantes, algunas decían querer prevenirme ante él, pero yo sabía que solo podía ser envidia de poseeme.



Daniel ha repetido su travesura tres noches seguidas. Así lo llamo, travesura. ¿Qué otra palabra puedo utilizar? Trato de darle una explicación y por más vueltas que le doy, es obvia. Mi hijo ya no es un niño. Es un adolescente con las hormonas alteradas y su cuerpo tiene necesidades fisiológicas a las que debe atender. Soy mujer y a mis 35 años aún me conservo muy bien. Comprendo que pueda atraerle, pero un joven de 16 años debe fijarse en chicas de su edad, No en su madre, la mujer que lo ha parido. No llego a entender que un macho desee entrar por el mismo lugar que nació a no ser que su subconsciente recuerde los buenos tiempos en que mamaba de mis ubres y desee volver a sentir aquellas sensaciones…. Tal vez, mi error ha sido intimar demasiado con él. Siempre he sido muy cariñosa, me ha gustado besarlo, abrazarle, ser su amiga más que una madre imperativa. Me ha hecho mucha compañía toda la vida, también de noche en mi cama, pero nunca vi venir que los acontecimientos pudieran derivar hacia la atracción física, al punto de desear aparearse con su progenitora. ¡Debo hablarlo con él! Pues he sentido la tentación de despertarme de golpe, cuando me tocaba, pero temo ridiculizarlo, dañarlo anímicamente, y mi hijo necesita seguridad en sí mismo, esa que sus novias no le dan. Ya lo maltratan lo suficiente esas brujas engreídas que no ven en el interior de las personas.



Esta noche, además, ha dado un paso imprevisto, uno más. Cuando me estaba acariciando, había colado la mano dentro de mi ropa cuando decidí moverme para que se detuviera. Aparentemente no me he despertado. Solamente me he girado en sueños dándole la espalda, cruzando el brazo izquierdo sobre mis pechos. Daniel ha retirado la mano rápidamente. Por unos instantes he creído lograr mi objetivo, pues se ha quedado tumbado sin moverse, hasta que he notado su mano en mi culo. Lo ha acariciado con deleite, igual como hacía con mis mamas, hasta que ha decidido dar un paso más. Sus dedos se han colado por el bajo del camisón, a medio muslo, y han ascendido… han acariciado mis nalgas desnudas, pues la tela ha quedado levantada a la altura de mi cadera, también la derecha con más dificultad pues era la inferior, hasta que se han atrevido entre ellas. No he podido evitar un leve respingo cuando sus dedos han descendido por la raja que las separa y han tocado mi coño por detrás. No ha durado demasiado, escasos segundos, pero he notado claramente como sus dedos empujaban y acariciaban la rugosidad de mis labios vaginales. No sé cuán lejos hubiera llegado si no hubiera eyaculado en ese momento impregnado sus calzoncillos de lefa. ¡Tengo que detenerlo!



Fue culpa mía. No lo busqué, ni era mi intención, pero yo fui la responsable de quedarme preñada al no poner cortapisas en las eyaculaciones de tan vasto pollón. Llevábamos ocho meses de noviazgo, los mejores de mi vida. Intensos, apasionados, en los que lo compartíamos todo. Mi vida giraba en torno a mi hombre, al que esperaba en su apartamento cuando había salido con sus amigos. Al que atendía, mimaba, amaba cuando estábamos juntos. El sexo era espléndido me follaba como ninguno lo había hecho hasta ahora. Aprendí mucho a su lado. Siempre le estaré agradecida por ello. Sobre todo, aprendí a complacerle. Berni odiaba los preservativos. A mí tampoco me gustaban pues notar la fricción de su piel con la mía no tiene parangón, así que pronto acudí al ginecólogo para que me recetara pastillas anticonceptivas. Después de diez meses tomándolas, tocaba el mes de descanso para que los óvulos no se deterioraran. Así que volvimos a follar como en nuestros primeros días en que mi amor eyaculaba sobre mi cuerpo, cuando no le daba tiempo de llegar a mi boca. Pero aquella noche en su coche, sentada a horcajadas sobre él, estaba sintiendo toda su virilidad clavada en mi útero, llevándome a cotas de placer altísimas, así que cuando me avisó que estaba a punto de correrse no quise detenerlo…, -“ahora no, amor, ahora no”. Fue el mejor orgasmo de mi vida al sincronizarnos los dos ¡Obtuve una inmensa lechada en mi coño! Los largos chorros de leche espesa atiborraron mi conducto uterino, mientras convulsionaba en un orgasmo interminable, como si la fecundación de un nuevo ser convirtiera el placer en una explosión de gozo. Cuando desalojé el falo más bello del mundo de mi vagina, supe que algo extraordinario había ocurrido, el calor sofocante y el cosquilleo en mi vientre me alertaron.



No sé si estoy haciendo lo correcto. He decidió ayudarle después de lo ocurrido, se lo he prometido. Hemos estado hablando un buen rato esta tarde. He dejado pasar unas horas pues ayer estaba demasiado avergonzado y lo último que quiero es acomplejarlo. Pero creo que puedo ayudarle y que le hará bien, pues me necesita más que cuando era un niño pequeño. Y nunca lo dejaré en la estacada, se lo he dicho y voy a cumplirlo. Me ha sorprendido la enorme macha de semen en los calzoncillos, tuvo que ser una corrida cuantiosa, tan copiosa como la que repartió entre mi culo, muslo y sábanas la primera vez ¡Es un gran eyaculador! Repetí la táctica disuasoria de la noche anterior, girarme. Cierto es que no logré que se detuviera, pero no se me ocurrió otra alternativa. Además, lo hice de modo instintivo. Su respuesta fue la misma que la noche precedente. Acariciarme las nalgas en vez de las tetas. Y de nuevo, se atrevió a aventurarse entre éstas, pero más atrevido si cabe. Noté sus dedos acariciar mi coñito depilado de vulva mullida por encima de las bragas, recorriéndolo, haciendo presión con el pulgar. Debí haberme movido de nuevo, para que se detuviera, pero no supe reaccionar. Él, en cambio, si se aventuró hacia nuevos territorios. Con más habilidad de la que esperaba, coló un dedo por el lateral de la prenda hasta llegar a mi chumino calenturiento y tocarlo directamente.



Su dedo se movió incómodo en una zona que ningún hombre ha tocado desde hace años. Me excité. La sorpresa, por un lado, la carencia, por otro, me vencieron. Rápidamente noté como mi vagina se humedecía, como recibía complacido la visita de la falange intrusa de mi retoño. No pude evitarlo y gemí. Ahora sí se detuvo, instantáneamente, girándose para huir tan lejos como el colchón le permitió. Estuve callada unos segundos, inquieta, hasta que oí ahogados sollozos. Mi corazón se rompió en mil pedazos, así que hice lo que harían cualquier madre, abrazarlo con fuerza para calmarlo, no pasa nada cariño, no pasa nada. Hasta que noté como se dormía entre mis brazos. Así que esta tarde, con los ánimos más atemperados, he cogido el toro por los cuernos. Esto no puede volver a repetirse he querido decirle…



-“¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo así?”, pero su respuesta me ha desarmado….



-“Ya tengo 16 años, mis amigos tienen novia o folla-amiga pero yo no consigo tenerlas igual que ellos”.



-“Pero has tenido varias novias ¡¿No?!”



-“Si pero ninguna se fija en mí para tener un rollo, no me ven como ellos”, se ha quejado llorando.



Por más que he tratado de consolarlo, argumentando que habrá otras chicas, que encontrará a alguna que lo valore tal como es, que no se dejara llevar por el qué dirán o por prejuicios adolescentes, inmaduros, solamente he logrado calmarlo abrazándolo de nuevo, diciéndole lo mucho que le quiero y que siempre me tendrá a su lado….



-“Lo sé, mamá, pero yo necesito algo más que el amor de mi madre, o besuqueos de una niñata que no se deja tocar…”



Pasados los  años mis deseos sexuales volvieron con más fuerza al oír a mi hijo suplicar amor. Los años de madre me habían dejado sus huellas, recuerdo que al verme al espejo no lo podía creer, si bien aún despertaba piropos en la calle, estaba lejos de la gata que fui en mi juventud, entonces me dispuse con todas mis fuerza a volver a ser aquel objeto del deseo…, dieta, gimnasio y cremas tonificantes me dejaron mejor que nueva. Con mis 35 años mi belleza era diferente, aquella mocosa monumental había muerto para dar luz a una madura que partía la tierra. Para mi decepción los hombres que se fijaban en mí no eran nada interesantes, varias citas y una desagradable sensación de pérdida de tiempo con hombres que solo me deseaban llegar a la cama para desahogarse…, pero el que sí se mostró interesado que no me perdía pisada en mis movimientos era mi hijo, siempre atento a darme una hojeada a mi culo y a mis tetas, no le daba importancia al principio por estar en la edad del pavo, pero con 16 años no aparentaba dicha edad, se rasuraba la barba y un porte que solo lo da un instituto donde el deporte es su eje motor convierte a niños en hombres físicamente a pesar de no llegar a la mayoría de edad. Por ese u otro oscuro deseo él también me atraía. Las miradas se comenzaron a cruzar…, él me miraba, yo le admiraba, su torso, sus bíceps, sus piernas, y su culo duro, pero sin más solo como hombre, siendo consciente de que era mi hijo, y segura de que a él le pasaba lo mismo.



Nunca me he arrepentido de quedarme preñada, ni de haber dado a luz al ser más bello del Universo, por más dificultades que haya tenido. Si fuera creyente, lo consideraría un regalo de Dios. Berni no lo vio así. Para él era un problema, un estorbo, algo para lo que no estaba preparado. Pero no me dejó, aunque tuve miedo de que lo hiciera, sobre todo cuando el embarazo se complicó. Primero náuseas a todas horas que me dejaban tan débil que me costaba atender a mi hombre como él merecía. Pasada esta primera fase, cogí anemia por lo que me aconsejaron reposo absoluto, pues el feto crecía demasiado despacio. Pobre Berni, siempre a mi lado aunque él no deseara estar en esa tesitura. Así que ocurrió lo inevitable. Acostumbrado a tener a su mujer siempre disponible, no sólo para follarla…, buscó vías de escape para no volverse loco. No sé con cuantas mujeres se acostó durante mi embarazo, sé que se folló a bastantes pero no se lo tuve en cuenta porque todo macho necesita aliviarse y mucho más un portento como Berni. Por más dolor que sentía, aprendí a superarlo, a comprender a mi hombre, pues sabía que en cuanto yo estuviera sana de nuevo, lo recuperaría, le daría todo lo que esperaba de una mujer entregada y sumisa a sus deseos a cualquier hora.



No sé si he tomado la decisión correcta pero ahora ya está hecho, ya no puedo echarme atrás. Durante dos semanas, Daniel ha parecido un alma en pena. Pobre, he tratado de animarlo de tantas maneras como he podido, pero ha sido en balde. Se siente avergonzado, a pesar de que traté de no humillarlo, ¡¡Es tan buen chico…!! Además, parece que su relación con los pocos amigos que tiene también ha empeorado. Ayer llamé a su tutora para saber cómo le iba, algo que hago habitualmente pues está catalogado como un alumno con necesidades especiales al que le hacen un seguimiento más cercano, y las palabras de la docente me dejaron aún más preocupada. Ha dado un bajón, me dijo, pero ya sabes cómo es, cuesta mucho sacarle información, hacer que se sincere con los adultos. Conmigo sí puede hacerlo, pensé, aunque esta vez sea distinto. Así que aquella misma noche le pedí que volviera a dormir en mi cama, que le echaba mucho de menos...



-“Me gusta tenerte a mi lado, me haces compañía y te necesito conmigo cariño”.



Le esperé despierta pues de nuevo prefirió acabar de ver un programa de la tele. Cuando apareció, me alegré, tanto que lo abracé al entrar conmigo en la cama. Tranquilo cariño, yo te ayudaré en cualquier cosa que necesites, sabes que puedes confiar en mí. Unas escuetas gracias antes de desearnos mutuamente buenas noches fue su respuesta. Pero media hora después, ninguno de los dos se había podido dormir. Haré lo que sea por ti, mi amor, me dije sin verbalizarlo, mi hijo está en ese punto donde necesita un empujón de seguridad en sí mismo, esa inseguridad que le da el saber si puede tener relaciones sexuales normales o no, en pocas palabras, ¡Daniel necesita echar un polvo de verdad con una mujer! Sé que lo que más jacta a un hombre, es follar a pelo a una hembra y llenarla.



-“¿No puedes dormirte?” Pregunté.



-“No”



-“¿Estás inquieto?”



-“Un poco”. Me acerqué a él, abrazándolo de nuevo con fuerza, para separarme a continuación y tomar su mano… -“Mamá hará lo que haga falta para ayudarte, para que te sientas bien”.



Me abrí los tres botones del camisón y posé su mano por mi escote. No dije nada más. Lo miré fijamente a oscuras. Mejor así, pues no quería contagiarle mi vergüenza. Tardó en moverse, en actuar, pero cuando lo hizo, su mano tomó mis tetas alternativamente, sopesándolos, acariciándolos, mientras yo me mantenía pasiva, permitiéndole satisfacer sus necesidades. Notaba como gozaba pero no se masturbó, aunque esperaba que lo hiciera. Su dedo llegó a mi boca y tras un poco de indecisión se lo mamé durante un buen rato…Cuando se dio por satisfecho, retiró la mano, me dio un beso en la mejilla y me deseó buenas noches.



Berni llegó al hospital cuando Daniel ya tenía seis horas. Se excusó en el trabajo, aunque éste era esporádico y no solía ser nocturno. No le dije nada, pero olía a otra mujer. Preferí mostrarle el fruto de nuestro amor, el niño más bonito del mundo. Lo tomó en brazos y lo besó. Ese gesto fue suficiente para mí, para llenarme de gozo y olvidar los últimos meses en que apenas había sentido su calor. Antes del segundo cumpleaños Berni se largaría con una de sus folla-amigas, para entonces ni reparaba en mí. A través de su móvil descubrí que me engañaba con muchísimas mujeres, cosa que dejó de importarme porque después de todo no lo amaba tanto y mi cuerpo lo había ido dejado de lado…, ya con la venida de mi hijo mi vida sexual no lo necesitaba a medida que me centraba en cría a Daniel. Los primeros años me tuvieron totalmente concentrada en él, así que me olvide del resto de los problemas, pero cuando cumplió 6 años su educación se intensifico en la escuela, por lo cual pasaba muchas horas fuera de la casa, entonces empecé a codearme con una vieja enemiga llamada soledad.



Sorprendentemente, me gusta que mi hijo me acaricie. Me hace sentir viva. Ha despertado en mí sensaciones olvidadas. Al principio no estaba segura, convencida de estar permitiendo actos anti natura, pero la felicidad ha vuelto a su rostro y yo me siento amada de nuevo. Los primeros días se contentó deslizando la mano por mi escote, acariciándome las mamas que le dieron su primer alimento… A oscuras, pues era más fácil para mí. Pero ayer entraba un poco de luz de la Luna llena por la persiana mal cerrada y me pidió que me quitara el camisón… -“¿Puedo verlas?” Me pidió sin pudor. Sentí cierta incomodidad, pero accedí. Tumbada boca arriba, notaba las manos de mi hijo moverse por mis tetas, acariciando mis pezones, con los ojos clavados en las armas que habían conquistado a varios hombres. No puedo evitarlo… me excita que me pellizque los pezones cuando están duros y erectos. Siempre han sido mi zona más erógena. Después de cuatro años, he vuelto a sentir humedad en mi chocho. No estoy cerca del orgasmo ni mucho menos, pero me recorre por todo el cuerpo aquel cosquilleo que casi había olvidado. Cuando está casi a punto, se levanta de la cama súbitamente, entra en el baño y se masturba. En menos de un minuto, vuelve a la cama aliviado. La escasa luz que ayer iluminaba la estancia me permitió ver su sonrisa de felicidad. Yo también me sentí feliz de ayudarle.



Con Berni bastaron pocas semanas de convivencia familiar para que confirmara que nuestra relación de pareja estaba tocada de muerte. Si el embarazo había sido difícil, los primeros días de vida de Daniel fueron muy duros. Lloraba sin parar demandando pecho continuamente. Era incapaz de dormir más de dos horas seguidas y yo estaba completamente muerta. Berni estaba desquiciado. No podía dormir, así que más de una vez se levantaba en plena noche y se iba de casa. Otras noches, directamente no aparecía. Aunque el ginecólogo me lo había prohibido pues tenía la vagina completamente lastimada, recuperándose del esfuerzo realizado durante el difícil parto, me ofrecí a mi hombre una noche que yacía a mi lado. Necesitaba sentirlo dentro, sentirlo mío, pero fue un auténtico suplicio. Tuve que morderme el labio para no llorar mientras la polla que me había hecho la mujer más dichosa del planeta me rajaba internamente. Berni se dio cuenta, pero no se detuvo hasta verme partida en dos y finalmente derramarse en mi interior deslechándose con toda su potencia. Su cálida leche fue el único calmante que sintió mi irritado coño profundo. Me había precipitado, estuve dos días soportando un dolor atroz, así que tomé una decisión que solamente lograría posponer lo inevitable.



Con Daniel vuelvo a tener sentimientos encontrados. Por un lado, me siento feliz por mi hijo. Por otro, siento estar haciendo algo incorrecto. Pero esta noche he dado un paso más allá que me tiene muy preocupada pues no sé hasta dónde me puede llevar, o tal vez sí en mi deseo de volver a sentirme hembra de un buen macho. Eso será por lo que en tan solo tres días ya le espero en la cama sin camisón, aunque últimamente ya nos acostamos a la vez, sin duda es mayor su deseo por mí que por acabar de ver cualquier programa en la tele. Así que me lo quito justo antes de metemos en la cama. Ya no apagamos la luz. Le gusta verme solo con la braguitas de algodón… y a mí me gusta ver su cara de felicidad, así que le dejo hacer relajada, sintiendo sus manos recorrer mis ubres, alabando mis atributos, pues no ceja en ello ni un minuto. Entonces, habiéndome pellizcado con deleite los pezones, pues le confesé que me encanta sentir ese dolor gozoso en zonas tan sensibles, ha deslizado la mano por mi vientre, amorosamente. Me ha entusiasmado, hasta que su mano se ha detenido en el borde de mis bragas, jugando con la goma a la altura de mi pubis. Lo he detenido, pero antes de que yo pudiera decirle que eso me parecía demasiado, me ha mirado a los ojos y un por favor mamá, ha ido acompañado de una prueba de su amor hacia mí… -“¡Tú también te mereces disfrutar un poco!”



Me ha desarmado. Sus dedos se han colado en el interior de la prenda de algodón, se han detenido cuando ha notado lo cuidado de mi aterciopelado pubis rasurado, para seguir avanzando cuando se han cansado de acariciar mi fino vello. No he abierto las piernas. Bueno, sólo un poco. Lo justo para notar sus dedos en mis labios vaginales humedecidos, para que el índice los recorriera abrazándolo. No he podido evitar suspirar profundamente, apagando los gemidos que surgían de mi garganta. Finalmente mi cuerpo me ha pedido separar mis muslos ampliamente para que su mano se moviera libre, pero el cerebro aún estaba despierto. Lo he detenido a tiempo… -“¡Gracias cariño, pero ya basta por hoy!”. Ha vuelto a mis ubres, a mis pezones, y me ha abandonado cuando había cerrado los ojos sintiendo palpitar toda mi feminidad, he decidido ir poco a poco a fin no me supere esta locura del INCESTO, dominando con mi mente mi cuerpo por una vez en la vida, pese a la ansiedad por tener una polla dura dentro de mi coño debo gestionar bien las dosis de sexo con Daniel, de lo contrario se podría desmadrar todo y producirse el caos total. Despierta, con mi hijo dormido a mi lado, me doy cuenta de cuán necesitada estoy de un macho, me siento cachonda perdida con un ardor interno insaciable.



CONTINÚA...



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Datos del Relato
  • Categoría: Incestos
  • Media: 9
  • Votos: 1
  • Envios: 0
  • Lecturas: 1996
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Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
aurelio
aurelio 15-05-2019 23:58:17

que gozada húmeda....


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